De la templanza y el reinado sobre los hombres.
Un hombre alcanza la máxima templanza cuando se enfrenta a sus demonios y ama al mundo día a día. No les teme, no huye, los encara. Puede llegar a soportar todo el peso del mundo mientras los tiene delante. Todo insulto, golpe, mirada, o silencio que haya entre ellos y él, los domina. Se apodera de todo grito, vejación, odio, o tensión y los hace suyos, convirtiéndolos en propio poder. Entonces es cuando empiezan los demonios a temerle, el mundo a amarle y todos a engrandecerlo todavía más. Ese pasará entonces de mero hombre a un glorioso Dios en la memoria colectiva; pues Atlas no sostiene todavía el mundo en vano, ni Zeus fue erróneamente elegido entre los amados hijos de su madre para ser engañado ergo salvado de las fauces de su padre, Saturno; ni tan siquiera la letra Alfa del alfabeto griego es la primera, y Omega la última por error o por simple empecinamiento de un sabio de la época, lo son porque Alfa era la cabeza de buey o toro (con cuernos) "alp" y omega era "ayin", ambos en fenicio que significan buey y ojo respectivamente. Con lo cual tenemos una adaptación de los jeroglíficos egipcios por los fenicios que dieron lugar a la primera y última letras griegas ergo las latinas (trasladadas por los romanos al latín), etc., así como al significado mismo de Dios.
Entonces Zeus, disfrazado de toro blanco, raptó a Europa, Cadmo recibió de su padre la orden de encontrarla y de no volver al reino si no era acompañado de su hermana. Tras vivir numerosas aventuras, el propio Zeus le concedió la mano de la diosa Harmonía, hija de Ares y de Afrodita. El día de la boda, todos los invitados obsequiaron a la novia con fabulosos regalos. Atenea, por ejemplo, le entregó un vestido, tejido por las tres Gracias, que podía hacer invisible a quien lo llevara, y Hefesto, un magnífico collar de oro que, sin embargo, estaba maldito.
Cadmo abandonó entonces Tiro, en Fenicia, y partió en busca de Europa. Herodoto escribió en el siglo V a. C.: “Los fenicios que con Cadmo se establecieron en esta región, entre tantos otros conocimientos, introdujeron en Grecia el alfabeto, desconocido hasta entonces para los griegos”.
De los jeroglíficos previos a los fenicios, los jeroglíficos egipcios: Según Jean-Françoise Champollion: "el jeroglífico podía tener tres funciones: podía representar una palabra, podía señalar el contexto en que debía situarse la palabra precedente o podía representar el sonido de una palabra indicando solo sus consonantes."
Tácito señalaba en sus Anales : “Los egipcios, antes que las demás naciones, se atribuyen a sí mismos la invención de las letras. De allí los fenicios, a causa de que eran señores de la mar, las trajeron a Grecia, atribuyéndose la gloria de inventores de los trabajos ajenos”.
Los egipcios, por ejemplo, representaban al buey con una cabeza de toro con sus dos cuernos. Los fenicios tomaron ese símbolo y, como en semítico buey se pronunciaba alp (aún sigue diciéndose alef en hebreo y alif en árabe), decidieron que ese signo simbolizaría el sonido de la primera letra de esa palabra, es decir, la A.
¿Pero por qué es la A la primera letra del alfabeto? Amonio, un filósofo de la Antigua Grecia nacido en Egipto, sostenía que era porque el buey estaba considerado el bien más importante para la supervivencia por parte de los fenicios, quienes antes de convertirse en un pueblo de navegantes fueron nómadas y vivían de la trashumancia.
Cuentan que la boda entre Cadmo y Harmonía fue el momento de máxima aproximación entre los dioses y los seres humanos y que, a partir de entonces, nada volvió a ser igual. “Con el alfabeto, los griegos aprenderían a vivir los dioses en el silencio de la mente, ya no en la presencia plena y normal, como todavía le había correspondido a él [Cadmo], el día de sus nupcias”, señalaba Roberto Calasso en su maravilloso libro Las bodas de Cadmo y Harmonia , en el que repasaba numerosos mitos griegos. “Ya nadie conseguiría borrar aquellas pequeñas letras, aquellas patas de mosca que Cadmo el fenicio había esparcido por la tierra griega, donde los vientos le habían empujado en busca de Europa, raptada por un toro surgido del mar”.
Cadmo vuelve a los brazos de Harmonia cada noche, después de arar todo el día con el buey. Le mira a los ojos a Harmonia y consuman juntos el amor en su lecho. El origen y la creación de otro ser mitad de uno y mitad de otro es ya otro cuento, fábula, poesía o poema épico.
Como Leónidas seguramente le enseñó a su hijo antes de partir hacia la agogé, impartiendo una clase de templanza que le era propia, pues el carácter del hijo suele ser parecido al del padre, está en sus genes, mientras la templanza es aprendida en su mayoría.
Imagina que siglos antes ardería Troya lo dijese Agamenón o su porquero. ¿Qué Rey de reyes no es Rey por su mérito sino por su sangre? ¿Acaso su sangre no le es merecida? ¿Acaso debería deshonrar a sus ancestros no siendo Rey? Un Rey debe ser lo que ha nacido para ser. Pues deshonrar a sus ancestros renunciando a su trono, sería también renunciar al legado de miles o millones ergo cada uno de nosotros estaríamos deshonrando a nuestros ancestros, y todo lo que conocemos al infligir algún tipo de impedimento sobre ello, infringiendo, rompiendo e incumpliendo la propia ley y legado que nos es propio a todos.
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