lunes, 28 de septiembre de 2026

Choque doctrinal entre alianzas.

 Choque doctrinal entre alianzas en los cinco dominios más uno.

“Existen tantos frentes como fronteras.”

Las alianzas entre naciones que estén enfrentadas por la razón o razones que sean tratarán de controlar las fronteras mediante los frentes más alejados de sus núcleos de poblaciones o naciones más dominantes. Todavía hay naciones que creen la paz; ésta es, sin duda, una razón óptima para los que recientemente han sufrido por las guerras proxy en su propio terreno, mas no una razón óptima para las naciones que han protagonizado los enfrentamientos en terreno adyacente, extraterritorial y alejados de sus núcleos o sus grandes naciones. Los enfrentamientos han podido ser en todo ámbito, a todos los niveles y en todos los estratos posibles, desde tiempos tanto inmemoriales como por alianzas relativamente recientes. Muchas naciones ni tan siquiera se imaginan a lo que llegarán por sus viejas y nuevas alianzas; sólo sus gobernantes pueden atisbar algo, y sus gentes más inteligentes, intentar elucubrar con ello.

Mientras haya naciones fuertes y poderosas en la Tierra que se nieguen a ir de la mano hacia un futuro común, sea por las razones que sean: ya por su negación a obedecer ciertos dictámenes o normas y leyes; ya por su negación a ceder económica o financieramente; ya por negación a compartir recursos primarios por las vías anteriormente citadas; ya por diferencias en cualquiera de los métodos citados y no citados todavía. Las naciones que desean crecer y producir para potenciar sus demás sectores y poder controlar a sus gentes, mientras estén entretenidas y ayuden a convivir y compartir un espacio común, no podrán estar de acuerdo con ceder ante otras naciones o, hasta ahora, no lo han estado; por esto estamos en este mundo polarizado, antes globalizado, etc.

Cinco dominios más uno.

Los dominios o ámbitos, no ordenados por importancia ni jerarquía, son los siguientes:

Terrestre, marítimo, aéreo, espacial y ciberespacio. Cabe destacar el otro, no menos importante, sino una consecuencia de este último, del ciberespacio, que sería el cibernético.

Este último se está extendiendo sobre los otros cinco a medida que el progreso tecnológico aumenta. ¿Por qué es importante este último? Básicamente, porque cobrará especial relevancia la máquina a medida que se extiendan sus circuitos por el resto de dominios. Si entendemos estos cinco más un dominios como un todo, estaríamos comprendiendo el futuro terreno donde los choques doctrinales entre estas alianzas tienen y tendrán lugar. En principio, por sobre la Tierra.

El terrestre, como fuerzas mecanizadas altamente móviles y dispersas. El marítimo, en control de líneas de comunicación marítimas y proyección de flota. El aéreo, en superioridad y supresión de defensas enemigas. El espacial, en navegación y alerta temprana y comunicaciones satelitales. El quinto dominio es el ciberespacio y espectro electromagnético, con ataques informáticos y defensa de redes críticas. Si bien estos cinco se encuentran enlazados a priori, también formaban un todo hasta hacía relativamente poco. Cabría integrarlos sumando otro más: el cibernético. El cibernético estará presente en todos y cada uno de ellos, así como el espacial lo estuvo hasta ahora en los otros cuatro.

¿Por qué no puede entenderse el cibernético como extensión únicamente de ciberespacio ni tampoco por separado? El cibernético se estructura digitalmente, cobra cuerpo mediante electrónica y se extiende a los otros cinco de forma gradual e imperativa. A destacar la Superinteligencia como parte inseparable de él.

Doctrina de China.

La doctrina de China, más concretamente el pensamiento estratégico de la República Popular de China ejecutado por el Ejército Popular de Liberación chino, combina milenaria filosofía clásica, más concretamente los conceptos de SunTzú de vencer sin luchar, con el marxismo, leninismo y la tecnificación moderna. No buscando el choque inmediato, sino el desgaste a medio-largo plazo, asfixia posicional e integración sistémica progresiva. La doctrina de la Guerra de los Tres Frentes, aprobada formalmente por el comité central del PCCh en el 2003 y perfeccionada continuamente, codifica el uso del poder blando y la coacción legal como armas estratégicas. Guerra psicológica: operaciones destinadas a socavar la capacidad de toma de decisiones del enemigo, desmoralizar a sus fuerzas armadas y alterar la percepción de sus poblaciones civiles mediante el miedo, la duda o la resignación ante el poderío chino incipiente. Guerra mediática: control e influencia sobre los flujos de información globales, medios de comunicación y redes sociales para moldear la opinión internacional a favor de las narrativas de Pekín, justificando así sus acciones de seguridad. Guerra legal: el uso de leyes nacionales e internacionales para lograr objetivos estratégicos. Incluye la reclamación de soberanía sobre el mar de la China meridional mediante la creación de islas artificiales y la declaración de zonas marítimas exclusivas, forzando a la comunidad internacional a operar bajo los términos legales impuestos por Pekín. La guerra informatizada y ayudada de inteligencia artificial en todo su espectro, después de dejar atrás la era de la masa humana para centrarse en la tecnología. El pensamiento contemporáneo chino define la guerra actual como informatizada, basada en el control de la información, y transiciona aceleradamente hacia una con inteligencia artificial en todo su espectro. Por tanto, el futuro de la guerra estará dominado por la aplicación militar de la inteligencia artificial, la computación cuántica, el big data y los sistemas autónomos en red. China visualiza un campo de batalla donde los algoritmos procesarán la información a velocidades que superarán las capacidades cognitivas humanas, permitiendo al mando militar chino anticipar y neutralizar los movimientos del oponente antes de que se ejecuten. Concretamos la destrucción de sistemas, en la que la doctrina tradicional occidental de destrucción de fuerzas, la doctrina operativa del Ejército Popular de Liberación Chino se centra en la guerra de destrucción de los sistemas. China observa al enemigo no como un conjunto de tropas, carros y demás, sino como un sistema de sistemas operativo e interconectado. El objetivo militar es atacar los nodos neurálgicos que mantienen unido ese sistema: satélites de reconocimiento, cables de fibra óptica submarinos, centros de procesamiento de datos y enlaces de comunicación microwave, mediante ataques cinéticos de precisión como misiles balísticos antibuque MRBM, DF21D y DF26, conocidos como carrier killers, combinados con ciberataques masivos. El Ejército Popular de Liberación de China busca desmembrar el sistema operativo del adversario, fragmentando unidades aisladas incapaces de coordinarse entre sí. El pensamiento contemporáneo de este bloque y el que detallaremos a continuación revelan una asimetría conceptual profunda.

“Así es que China ha asumido un entorno degradado. China y, como veremos más adelante, Rusia también, han diseñado sus doctrinas sabiendo que Occidente es tecnológicamente superior en términos absolutos. Enfocando sus esfuerzos en degradar esa superioridad en lugar de emularla.”

Doctrina de Rusia.

La doctrina de la Federación de Rusia está marcada por la geografía y sus potencialidades dentro de su territorio. Frente a la expansión de la OTAN y las lecciones aprendidas de las intervenciones occidentales en los Balcanes y Oriente Medio, Moscú ha desarrollado un marco doctrinal propio e implacable. La denominada Guerra de Nueva Generación, a menudo mal entendida o simplificada por Occidente bajo el término de Doctrina Gerasimov, en referencia al actual Jefe del Estado Mayor. Esta conceptualiza el conflicto internacional como un continuo. Para la Rusia actual, la línea divisoria entre el estado de paz y el estado de guerra se ha difuminado completamente. La premisa fundamental de esta nueva doctrina radica en que los métodos no militares —políticos, económicos, informativos, culturales y humanitarios— pueden llegar a ser más eficaces que la fuerza de las armas en diversos momentos y circunstancias para lograr los objetivos estratégicos concretos. Aportando más importancia, pero no menos recursos, a las operaciones de información, guerra psicológica orientada a desestabilizar la cohesión social del adversario, explotar sus fracturas políticas internas y minar la voluntad de lucha del enemigo antes de que se dispare el primer tiro. La guerra proxy y el empleo de PMC: uso de compañías militares privadas e insurgencias locales para proyectar poder y limitar el coste político y militar directo para el Estado. En el plano militar, el pensamiento estratégico ruso asume que las fuerzas occidentales dependen críticamente de su superioridad tecnológica, su conectividad satelital y sus redes de mando y control C2. Por tanto, la doctrina operativa rusa no busca necesariamente competir avión por avión o satélite por satélite, sino neutralizar la ventaja del rival mediante asimetría. Por ello, la doctrina de guerra electrónica cobra especial relevancia para los rusos. Rusia ha invertido masivamente en ella. Sus sistemas están diseñados para cegar los radares de la OTAN, interceptar y suprimir las señales GPS, interferir las comunicaciones de los drones y aislar a las unidades del cuartel general. Si desorganizas el flujo de datos del enemigo, su sofisticado armamento guiado por precisión se vuelve inútil. La disuasión estratégica no nuclear y escala de escalada, en la que Moscú mantiene una doctrina muy clara respecto al uso de su arsenal estratégico. Dicha disuasión opera en múltiples niveles, además de la tríada nuclear tradicional. Rusia ha desarrollado un concepto de disuasión no nuclear basado en sistemas de ataque de precisión de largo alcance y alta velocidad, como misiles hipersónicos tipo Kinzhal, Zircón e Iskander. El objetivo es convencer al adversario de que cualquier ataque contra su territorio o intereses vitales recibiría una respuesta inmediata y devastadora en sus infraestructuras críticas, controlando la escalada del conflicto a través de la demostración de una capacidad de destrucción selectiva, pero inasumible.


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