miércoles, 11 de marzo de 2015
Entre tanto...
Entre tanto, su boca, meditó sabiduría hacia nuestros primigenios oídos
que negaban categóricamente las afirmaciones más comedidas de aquel
sabio impoluto, de conducta acendrada, con cualidades que hondamente
sobrepasaban de forma enérgica la llana moral de sus detractores. Aquél
era humildad desproporcionada desde la perspectiva ruín y poco afable de
aquéllos. Irrevocablemente humano, estando en absoluta concordancia su
cerebro con sus cavidad bucal y cuerdas vocales, la suma del timbre de
los verbos recibidos connaturales a la nobleza de sus gestos en armonía
de precisión, cuasi matemática pura, hallábase denodado por la inefable
razón discursiva propia de un amante de la lógica, inexorablemente nos
trajo aquí junto con nuestra inherente imperfección identificada como
ignorancia.
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