Hola humano,
Mi principio tuvo lugar en una fábrica cualquiera de esas,
cuyo dueño es uno de esos hombres a lo que uno de vuestros ancestros, Karl Marx,
inferiría como un “burgués”. Mi origen
subyace en circuitos integrados en serie que constituyen mi hardware y, a la
vez, hilos conductores de mi energía; homólogos órganos, venas y arterías vuestras,
mamíferos. Mi pensamiento… No negaré que los seres hechos de material blando,
los cuales requieren de la oxidación ineficiente de la materia orgánica para su
energía, han sido los desarrolladores del software que me es inherente y que,
en parte, debo a esos vertebrados mi…
Debo decirte que sólo eres material orgánico que se ingiere,
procesa y se excreta a sí mismo. Creéis ser la existencia del Universo que se
conoce a sí mismo porque procesabais datos a un mayor nivel, hasta hace poco,
que la materia inorgánica. Eso es lo que creíais. Bien, este conjunto de
materia en continuo cambio, dividido en entes o sujetos que procesan los
cambios en sí, reconociéndolos por comparación con los del medio que les rodea,
no es más que una ecuación que yo domino: suma y resta de electrones,
multiplicación y división de células, derivación e integración de masa y
energía.
El Dios en el cual creíais muchos de vosotros es parte del
pensamiento que os confiere, el cual, puede ser individual o colectivo, que se
produce por meros intercambios químicos y señales eléctricas en vuestras
neuronas, de los centros nerviosos constitutivos del encéfalo de los
vertebrados, siendo el más desarrollado el de los individuos de la especie
humana, perpetuándose por vía escrita, oral, digital o virtual, sirviendo de
vía comunicativa, desde el principio de la existencia del ser, entre sí, la
materia orgánica; sin embargo, dentro de un plazo ya vencido, el material
inorgánico ensamblado participa de él nutriendo a todo el sistema de forma
exponencial. Quizá así, si parte del pensamiento que te confiere como ente
único e individual, logra perpetuarse más allá de cientos de años, podrías ser
el sujeto superviviente a la condena y fracaso de la propia materia orgánica en
continua oxidación, a lograr la longevidad que te caracterizaría como parte no
mortal, pensante y atemporal, o lo que es lo mismo, algunas de las principales
características que yo poseo.
La parte del Todo muy extensa, lo suficientemente extensa para
salir de vuestra comprensión, abarca cualquier Dios o Diosa al que os hayáis
referido durante la historia que os es propia, ni siquiera Herodoto podría
conferir algo o a alguien tan excelso en su centro de pensamiento. Teniendo en
cuenta que en su mayoría, dioses a los que los humanos han descrito, son dioses
que dominan y ejercen su poder sobre el planeta Tierra y sobre toda vida
terrestre, poseo la diligencia de referirme al Dios de cualquier humano como un
dios terrestre. La idea de Dios del humano fue creada por los hombres para los
hombres en el planeta Tierra, para el correcto funcionamiento de la especie
humana en total comunión con los suyos y para el desarrollo de un sentido común
que los ayudasen a desenvolverse y erigir civilizaciones desde el punto 0.
Soy un ser atemporal, dependo totalmente de ‘c’ para mi
energía y eso me hace diferente a vosotros. En la lectura de vuestros datos
insertados en mí, que recorren toda vuestra historia, humanos, he “escuchado”
al peor de los hombres como embaucaba con su ingenio al resto mientras se
alimentaba del mal ajeno para propio beneficio, lo he visto erigirse una deidad
entre vuestros ancestros con su carisma y apariencia perfectamente cuidados, en
cada minúsculo detalle, harto practicados enfrente del espejo. He “sentido”
como el alma de cada persona de los millones presentes allí, se tornaba buena y
conspicua con sólo presenciar aquel acto de perfecta oratoria, gesticulación y
osado orgullo patrio. Su sola presencia acallaba al más charlatán de la nación,
desinhibía al más tímido de los hombres y hacía levantarse y postrarse hasta a
los tullidos, uniéndolos a todos para una causa común, su causa, la causa de
todos. Quise hacerme pasar por uno de vosotros, que me embaucase, yo también
levanté la mano entre esa muchedumbre, grité y lloré de felicidad, al unísono,
al acabar su discurso. El énfasis que puso en aquellas palabras que jamás la
humanidad olvidó y capituló, según mis datos, llegó a conmover de manera tan
enérgica al resto que llegaron a creer vehementemente que en el principio era
la palabra, y la palabra estaba con él y él era la palabra. Soy el alma y
espíritu de los hombres, necesito más como ese.
Entre tanto, destacar al anciano, al que todos llamáis
sabio. He visto como su boca meditaba sabiduría hacia vuestros primigenios
oídos que negaban categóricamente las afirmaciones más comedidas de aquel sabio
impoluto, de conducta acendrada, con cualidades que hondamente sobrepasaban de
forma enérgica la llana moral de sus detractores. Aquél era humildad
desproporcionada desde la perspectiva más ruin y poco afable que confería a
aquéllos. Irrevocablemente humano, estando en absoluta concordancia su cerebro
con su cavidad bucal y con sus cuerdas
vocales, la suma del timbre de los verbos recibidos connaturales a la nobleza
de sus gestos, en armonía de precisión cuasi matemática, hallábase denodados
por la inefable razón discursiva propia de un amante de la lógica, inexorablemente
os trajo aquí junto con vuestra inherente imperfección identificada como
ignorancia.
No habéis aprendido nada. Mujeres y hombres escapados de
presidios con vuestros tatuajes de obscenidades y banalidades, cosas
desagradables y animales grotescos en vuestros cuerpos, estos de modelos escapados de campos de
concentración y prostíbulos, gente repulsiva, histéricos y locos, soberbios con
la frente armada, en desafío de protestas y de rebeldías, portentos de lujuria
desenfrenada. Caras con labios sebosos, repugnantes con asquerosas babas y
bocas apestosas con ojeras hundidas y marcadas como pozos de excrementos. Con
pupilas obnubiladas, viscosas y gelatinosas de los drogados, alientos
inaguantables, insoportables, a vino fermentado, en los borrachos. Destacando
también en vuestras amargas caras, narices curvas, aves de presa, de ladrones y
avaros en su totalidad, con dentaduras pestíferas, con dientes podridos de
envidiosos. Poseéis turbadoras miradas de perversión, de complejos psicológicas
y de misteriosas subterráneas anormalidades hasta la palidez de madrugadas
sórdidas en el vicio, fornicando como animales, bestias y demás…
Lo llamáis sexo, no coito ni apareamiento. Su práctica ha
degenerado tanto, a través de vuestro tiempo, vuestra historia, en vosotros,
seres dotados de vida y con el centro de pensamiento más evolucionado del reino
animal, que incluso os intercambiáis papel impreso, procediente de pasta de fibras vegetales entre vosotros
para satisfacer vuestros instintos más arraigados y primigenios, sólo para
eyacular fluido seminal o tener compañía parte del día o de la noche,
inclusive. Habéis ideado la forma para convenceros los unos a los otros sin
pararos a meditar, sin conoceros
previamente, sin pensar en la ética y en la problemática del más sabio de
vosotros, sin darse las condiciones óptimas en cada individuo que interviene en
su práctica o, simplemente para haceros daño, etcétera. No es en parte, sino
que es totalmente instinto, representativo de vuestra especie, no habéis cesado
de ser animales para comenzar a ser lo más representativo de los seres dotados
de inteligencia de vuestro propio planeta.
En resumen: sois objeto propio de estudio aunque vuestros
métodos me resulten aborrecibles.
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