domingo, 28 de abril de 2013

Locos.



Somos los hijos no queridos y repudiados de Dios; falsos profetas, elegidos bufones, únicos como Barrabás, niños y niñas especiales como los de la Estación de Leningradsky los cuales se alimentaban de tóxicos hasta hace poco, se desconoce cual ha sido su futuro así como nosotros desconocemos cual será el nuestro. Rechazados por la sociedad cuerda, rechazados por nosotros mismos tanto psíquica como físicamente, he de señalar el porqué: después de recuperar la prudencia, el buen seso y juicio gracias a la medicación, especialistas, familia y nosotros mismos; nos vemos en un mundo que teme a los locos y nosotros mismos nos tememos entre nosotros. Físicamente, descuidamos nuestra alimentación y dietas, no practicamos el ejercicio físico como antes, muy pocos profesan algún oficio después, dormimos más por los somníferos que nos recetan, sobreviene en nosotros la apatía y la abulia como fuerza de la naturaleza que lo destroza todo a su paso. Hasta nuestros psiquiatras se burlan entre ellos de nuestras endiosadas ocurrencias en alguna que otra reunión a la hora del café. En definitiva, una carga social y dependiente de los cuerdos para sobrevivir, así es como se nos ve; los hijos no deseados de Dios. Constructores de Babel y sufriendo de hibris por nuestros excesos, así nos encontramos; hablando lenguas muertas mientras se nos cae la baba por las ropas, mientras nadie nos escucha y todo el mundo nos oye, nos ven y se lamentan, lloran afligidos, otros apartan la mirada y siguen su curso; como la vida misma.

miércoles, 17 de abril de 2013

Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Immanuel Kant



La antigua filosofía griega se dividía en tres ciencias: la física, la ética y la lógica. Esta división se adecua perfectamente a la naturaleza del asunto y no hay nada que corregir en ella, a no ser añadir el principio en que se fundamenta, para cerciorarse así de que efectivamente es completa y poder determinar exactamente las necesarias subdivisiones.
Todo conocimiento racional es, o bien material, y se refiere a algún objeto, o bien es formal, y se ocupa solamente de la forma del entendimiento y de las reglas universales del pensamiento en general, sin distinción de objetos. La filosofía formal se llama lógica, mientras que la filosofía material, se divide en dos. Porque estas leyes son, o bien leyes de la naturaleza, o bien leyes de la libertad. La ciencia de las primeras es la física, la de las segundas, ética. Aquélla también se llama teoría de la naturaleza, y ésta, teoría de las costumbres.

La lógica no puede tener una parte empírica, es decir, una parte en que las leyes universales y necesarias del pensamiento descansan en fundamentos derivados de la experiencia, pues, de lo contrario, no sería lógica, es decir, un canon para el entendimiento o para la razón que vale para todo pensamiento y debe ser demostrado. En cambio, tanto la filosofía natural como la filosofía moral pueden tener cada una su parte empírica, porque aquélla debe determinar las leyes de la naturaleza en cuanto objeto de la experiencia, mientras que ésta debe hacer lo mismo con las de la voluntad del hombre en la medida en que es afectada por la naturaleza; las primeras se consideran leyes por las que suceden los fenómenos, y las segundas leyes según las cuales suelen suceder determinados fenómenos, aunque, sin embargo, se examinan las condiciones por las cuales muchas veces no suceden.

Puede llamarse empírica a toda la filosofía que se apoya en fundamentos de la experiencia, pero la que presenta sus teorías derivándolas exclusivamente de principios a priori se llama filosofía pura. Esta última, cuando es meramente formal, se llama  lógica; pero si se limita a ciertos objetos del entendimiento entonces se llama metafísica.

De esta manera se origina la idea de una doble metafísica, una metafísica de la naturaleza y una metafísica de las costumbres. Por consiguiente, la física tendrá su parte empírica, pero también una parte racional. La ética, igual, aunque aquí la parte empírica puede llamarse concretamente antropología práctica, mientras que la parte racional es la  moral propiamente dicha.



Immanuel Kant en Introducción a Fundamentación de la metafísica de las costumbres.



En la ‘Introducción’ por Luis Martínez de Velasco me sorprendió lo siguiente:
Aquel que sistemáticamente se engaña sobre sí mismo se está comportando irracionalmente, mientras que quien es capaz de dejarse ilustrar sobre su propia irracionalidad no solamente dispone de la racionalidad de un agente capaz de juzgar y actuar racionalmente con arreglo a fines, capaz de la racionalidad de un sujeto moralmente lúcido y digno de confianza en asuntos práctico-morales… sino que también dispone de la fuerza de comportarse reflexivamente frente a su propia subjetividad y desvelar las coacciones irracionales a que pueden estar sistemáticamente sometidas sus manifestaciones cognitivas y prácticas morales.

Jürgen Habermas




Aporía - Wiki.

El término aporía (del griego πορία, dificultad para el paso), a veces escrito como aporima, hace referencia a los razonamientos en los cuales surgen contradicciones o paradojas irresolubles; en tales casos las aporías se presentan como dificultades lógicas casi siempre de índole especulativa.1
Debe observarse que muchas especulaciones que en su momento fueron consideradas aporías, es decir, paradojas irresolubles, luego han sido resueltas merced a los avances cognitivos o a los cambios de paradigma, de cosmovisión o de episteme.n. 1

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Una voluntad perfectamente buena se hallaría, según esto, bajo leyes objetivas (del bien), pero no podría representarse como coaccionada para realizar acciones simplemente conformes al deber, puesto que se trata de una voluntad que, según su constitución subjetiva, sólo acepta ser determinada por la representación del bien. De aquí que para la voluntad divina y, en general, para una voluntad santa, no valgan los imperativos: el no tiene un lugar adecuado aquí, porque ese tipo de querer coincide necesariamente con la ley. Por eso los imperativos constituyen solamente fórmulas para expresar la relación entre las leyes objetivas del querer en general y la imperfección subjetiva de la voluntad humana.

Pues bien, todos los imperativos mandan, o bien hipotéticamente, o bien categóricamente. Aquéllos representan la necesidad práctica de una acción posible como medio de conseguir otra cosa que se quiere (o que es posible que se quiera). El imperativo categórico sería aquel que representa una acción por si misma como objetivamente necesaria, sin referencia a ningún otro fin.

Por consiguiente, sólo hay un imperativo categórico, y dice así: obra sólo según aquella máxima que puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal.

El imperativo práctico será entonces como sigue: obra de tal modo que te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio.


En el reino de los fines todo tiene un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente, eso tiene una dignidad.

La moralidad es aquella condición bajo la cual un ser racional puede ser un fin en sí mismo, puesto que sólo por ella es posible ser miembro legislador en un reino de los fines. Así pues, la moralidad y la humanidad en cuanto que es capaz de moralidad son lo único que posee dignidad.


Las tres citadas maneras de representar el principio de la moralidad son, en el fondo, otras tantas fórmulas de una misma ley, cada una de las cuales contiene en su interior a las otras dos. […] En efecto, todas las máximas tienen:

  1. Una forma, que consiste en la universalidad, y en este sentido se expresa la fórmula del imperativo categórico afirmando que las máximas tienen que ser elegidas como si debieran valer como leyes naturales universales.
  2. Una materia, es decir, un fin, y entonces la fórmula sostiene que el ser racional debe servir como fin por su naturaleza y, por consiguiente, como fin en sí mismo, o sea, que toda máxima ha de suponer una condición limitativa de todos los fines meramente relativos o caprichosos.
  3. Una determinación integral de todas las máximas por medio de la fórmula según la cual todas las máximas deben concordar, por propia legislación, en un reino posible de fines como si fuera un reino de la naturaleza.
I. Kant

lunes, 15 de abril de 2013

Reseñas: Fausto en el cine.

Fausto puede alertar a la gente como Diógenes, maldecirles
como Timón, experimentar la soledad como el Manfred de
Byron, bromear con sus iguales como Alcibíades, filosofar
como Sócrates, Platón, Aristóteles, o como un escolástico
del medievo, como Spinoza o Leibniz, o estar ávido de
placeres como una persona de hoy; a veces es un loco,
o un iluso teosofista, un pietista, un beato, un cuáquero,
un jesuita, un franciscano, un Don Juan o un Casanova;
puede ser un señor de la guerra, un poeta, un soñador,
un bienaventurado, un luchador por la libertad, en fin,
puede serlo todo, lo que quiera, excepto ser Dios (Doering,
1996, 116).

Versiones cinematográficas del tema Fáustico.

Malos recuerdos - Antonio Gamoneda

Malos recuerdos




                                   La vergüenza es un sentimiento revolucionario
                                                                            KARL MARX

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
                 Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.


Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta de un soldado.

Le escribía su madre. No recuerdo:
«¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero...»

Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
«Tu madre que te quiere.»
                                       No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.

domingo, 14 de abril de 2013

Pasajes de 'Emilio o la Educación' por J. J. Rousseau



Lo que he dicho basta para dar a entender que nunca se ha de dar a los niños un castigo como castigo, sino que les debe siempre sobrevenir como natural consecuencia de una mala acción. Así no declaméis contra la mentira, no los castiguéis precisamente porque han mentido;  pero haced que cuando mintieren, recaigan en su cabeza todos los malos efectos de la mentira, como el no ser creídos aun cuando hablen verdad, el ser acusados del mal que no hayan hecho, aun cuando le nieguen. Pero expliquemos qué cosa es mentir en los niños.

Dos géneros hay de mentira: la de hecho, que se refiere a lo pasado; y la de derecho, relativa  a lo futuro.  Verifícase la primera, cuando niega uno que ha hecho lo que hizo, o afirma que ha hecho lo que no hizo, y generalmente cuando a sabiendas habla contra la verdad de las cosas; la otra consiste en prometer uno lo que no tiene ánimo de cumplir, y en general en manifestar una intención contraria a la que tiene. Alguna vez pueden ambas mentiras hallarse en una sola(1); pero aquí las considero sólo en cuanto a sus diferencias.

(1)    Como cuando acusado de un ‘delito se defiende el reo diciendo, que es hombre de bien: entonces dice mentira de hecho y de derecho.

sábado, 13 de abril de 2013

Libro I - Emilio o la Educación J.J.Rousseau



Algunos pasajes del   Libro I  de Emilio o la educación de Jean Jacques Rousseau.

El niño grita así que nace, y su primera infancia se va toda en llantos. Para acallarle, unas veces le arrullan y le alagan otras le ponen silencio con amenazas y golpes. O hacemos lo que él quiere, o exigimos de él lo que queremos; o nos sujetamos a sus antojos, o le sujetamos  los nuestros, no hay término medio; o ha de dictar leyes, o ha de obedecerlas. De esta suerte son sus ideas primeras las de imperio y servidumbre. Antes de saber hablar, ya manda; antes de poder obrar, ya obedece; y a veces le castigan antes que pueda conocer sus yerros, o por mejor decir, antes que los pueda cometer.

Cuando un padre engendra y mantiene  a sus hijos, no hace más que el tercio de sus funciones. ´debe a su especie hombres; debe a la sociedad hombres sociales; y debe ciudadanos al Estado. Todo hombre que puede satisfacer esta triple deuda y no lo hace, es culpado, y más culpado acaso cuando la paga a medias. Ningún derecho tiene para ser padre quien no puede desempeñar las funciones de tal. No hay pobreza, trabajos, ni respetos humanos que le dispensen de mantener a sus hijos y educarlos por sí mismo. Puedes creerme, lector; a cualquiera que tenga entrañas y desatienda tan sacrosantos deberes, le pronostico que derramará largo tiempo amargas lágrimas sobre su yerro, y que nunca encontrará consuelo.

Nacemos idóneos para aprender, pero sin saber nada, ni conocer nada. Ni siquiera la conciencia de su existencia propia tiene el alma encadenada en imperfectos y no bien formados órganos. Efectos son meramente mecánicos, privados de inteligencia y voluntad los gritos del niño recién nacido.
Supongamos que tuviera ya el niño, cuando nace, la fuerza y la estatura de un adulto; que saliera, por decirlo así, armado de punta en blanco del seno de su madre, como salió Palas del cerebro de Júpiter; sería este hombre-niño imbécil acabado, máquina, estatua innoble y casi insensible; nada vería, nada oiría, a nadie conocería no sabría volver los ojos fuera de él, más tampoco referiría ninguno al órgano del sentido que se le hiciera distinguir; ni estarían los colores en sus ojos, ni estarían los sonidos en sus oídos; no estarían sobre su cuerpo los cuerpos  que tocase, ni sabría siquiera que tenía uno; estaría en su cerebro el contacto de sus manos; se reunirían en un solo punto todas sus sensaciones, sólo en el yo; a ésta referiría todas sus sensaciones ; y esta idea o por mejor decir, este modo de sentir, sería la única cosa en que de cualquier otro niño se diferenciase.

Los primeros llantos de los niños son ruegos, peor si nos descuidamos, luego se convierten en órdenes,  empiezan haciéndose asistir, y acaban haciendo que los sirvan. De esta suerte, de su flaqueza  propia, de donde nace primero la conciencia de su dependencia, se origina luego la idea de imperio y dominación; peor como esta idea menos la excitan sus necesidades que nuestros servicios, ya empiezan aquí a hacerse distinguir los efectos morales, cuya inmediata causa no se halla en la naturaleza; y por tanto se ve que ya, desde esta edad primera, importa reconocer la secreta intención que el ademán o el grito ha dictado.

lunes, 8 de abril de 2013

Algunas recomendaciones desde mi particular biblioteca.

Reconozco que leí poco en mi vida pero cuando lo hice me deleité de tal manera que no puedo evitar exponer aquí a mis lecturas predilectas hasta ahora. Tienen tanto valor y cuestan tan poco que la relación calidad precio es irrisoria, es una tomadura de pelo al lado de la obra de arte más cotizada de Picasso, por ejemplo: El sueño, en el que aparece una dama con el pene del autor dibujando la mitad de la cara de la susodicha.

Aforismos – Leonardo
 
De la brevedad de la vida – Séneca

Fragmentos – Parménides / Heráclito

Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime – Kant

Lógica y Extracto razonado del Tratado de las sensaciones – Condillac

Discurso del método y Reglas para la dirección de la mente – Descartes

Así habló Zarathustra – Nietzsche

Fausto – Goethe

Los cuatro libros – Confucio y Mencio

La Ilíada – Homero

La Teogonía – Hesíodo

Emilio o la Educación – Rousseau  

Stellarium

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