Somos los hijos no queridos y repudiados de Dios; falsos
profetas, elegidos bufones, únicos como Barrabás, niños y niñas especiales como
los de la Estación
de Leningradsky los cuales se alimentaban de tóxicos hasta hace poco, se
desconoce cual ha sido su futuro así como nosotros desconocemos cual será el
nuestro. Rechazados por la sociedad cuerda, rechazados por nosotros mismos
tanto psíquica como físicamente, he de señalar el porqué: después de recuperar
la prudencia, el buen seso y juicio gracias a la medicación, especialistas,
familia y nosotros mismos; nos vemos en un mundo que teme a los locos y
nosotros mismos nos tememos entre nosotros. Físicamente, descuidamos nuestra
alimentación y dietas, no practicamos el ejercicio físico como antes, muy pocos
profesan algún oficio después, dormimos más por los somníferos que nos recetan,
sobreviene en nosotros la apatía y la abulia como fuerza de la naturaleza que
lo destroza todo a su paso. Hasta nuestros psiquiatras se burlan entre ellos de
nuestras endiosadas ocurrencias en alguna que otra reunión a la hora del café.
En definitiva, una carga social y dependiente de los cuerdos para sobrevivir,
así es como se nos ve; los hijos no deseados de Dios. Constructores de Babel y sufriendo
de hibris por nuestros excesos, así nos encontramos; hablando lenguas muertas
mientras se nos cae la baba por las ropas, mientras nadie nos escucha y todo el
mundo nos oye, nos ven y se lamentan, lloran afligidos, otros apartan la mirada
y siguen su curso; como la vida misma.
domingo, 28 de abril de 2013
miércoles, 17 de abril de 2013
Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Immanuel Kant
La antigua filosofía griega se dividía en tres ciencias: la física, la ética y la lógica. Esta
división se adecua perfectamente a la naturaleza del asunto y no hay nada que
corregir en ella, a no ser añadir el principio en que se fundamenta, para
cerciorarse así de que efectivamente es completa y poder determinar exactamente
las necesarias subdivisiones.
Todo conocimiento racional es, o bien material, y se refiere a algún objeto, o bien es formal, y se ocupa solamente de la forma
del entendimiento y de las reglas universales del pensamiento en general, sin
distinción de objetos. La filosofía formal se llama lógica, mientras que la filosofía material, se divide en dos.
Porque estas leyes son, o bien leyes de la naturaleza,
o bien leyes de la libertad. La
ciencia de las primeras es la física,
la de las segundas, ética. Aquélla
también se llama teoría de la naturaleza, y ésta, teoría de las costumbres.
La lógica no puede tener una parte empírica, es decir, una
parte en que las leyes universales y necesarias del pensamiento descansan en
fundamentos derivados de la experiencia, pues, de lo contrario, no sería
lógica, es decir, un canon para el entendimiento o para la razón que vale para
todo pensamiento y debe ser demostrado. En cambio, tanto la filosofía natural como
la filosofía moral pueden tener cada una su parte empírica, porque aquélla debe
determinar las leyes de la naturaleza en cuanto objeto de la experiencia,
mientras que ésta debe hacer lo mismo con las de la voluntad del hombre en la
medida en que es afectada por la naturaleza; las primeras se consideran leyes
por las que suceden los fenómenos, y las segundas leyes según las cuales suelen
suceder determinados fenómenos, aunque, sin embargo, se examinan las
condiciones por las cuales muchas veces no suceden.
Puede llamarse empírica
a toda la filosofía que se apoya en fundamentos de la experiencia, pero la que
presenta sus teorías derivándolas exclusivamente de principios a priori se llama filosofía pura. Esta última, cuando es meramente
formal, se llama lógica; pero si se limita a ciertos
objetos del entendimiento entonces se llama metafísica.
De esta manera se origina la idea de una doble metafísica,
una metafísica de la naturaleza y una
metafísica de las costumbres. Por
consiguiente, la física tendrá su parte empírica, pero también una parte
racional. La ética, igual, aunque aquí la parte empírica puede llamarse concretamente
antropología práctica, mientras que
la parte racional es la moral propiamente dicha.
Immanuel
Kant en Introducción a Fundamentación de la metafísica de las costumbres.
En
la ‘Introducción’ por Luis Martínez de Velasco me sorprendió lo siguiente:
Aquel
que sistemáticamente se engaña sobre sí mismo se está comportando
irracionalmente, mientras que quien es capaz de dejarse ilustrar sobre su
propia irracionalidad no solamente dispone de la racionalidad de un agente
capaz de juzgar y actuar racionalmente con arreglo a fines, capaz de la
racionalidad de un sujeto moralmente lúcido y digno de confianza en asuntos
práctico-morales… sino que también dispone de la fuerza de comportarse
reflexivamente frente a su propia subjetividad y desvelar las coacciones
irracionales a que pueden estar sistemáticamente sometidas sus manifestaciones
cognitivas y prácticas morales.
Jürgen
Habermas
Aporía - Wiki.
El término aporía (del griego ἀπορία, dificultad para el paso), a veces escrito como aporima,
hace referencia a los razonamientos en los cuales surgen
contradicciones o paradojas irresolubles; en tales casos las
aporías se presentan como dificultades lógicas casi siempre de índole
especulativa.1
Debe
observarse que muchas especulaciones que en su momento fueron consideradas
aporías, es decir, paradojas irresolubles, luego han sido resueltas merced a
los avances cognitivos o a los cambios de paradigma, de cosmovisión o de episteme.n. 1
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Una voluntad perfectamente buena se hallaría, según esto,
bajo leyes objetivas (del bien), pero no podría representarse como coaccionada
para realizar acciones simplemente conformes al deber, puesto que se trata de
una voluntad que, según su constitución subjetiva, sólo acepta ser determinada
por la representación del bien. De aquí que para la voluntad divina y, en
general, para una voluntad santa, no valgan los imperativos: el no tiene un lugar adecuado aquí, porque ese tipo de querer coincide necesariamente
con la ley. Por eso los imperativos constituyen solamente fórmulas para
expresar la relación entre las leyes objetivas del querer en general y la
imperfección subjetiva de la voluntad humana.
Pues bien, todos los imperativos mandan, o bien hipotéticamente,
o bien categóricamente. Aquéllos representan la necesidad práctica de una
acción posible como medio de conseguir otra cosa que se quiere (o que es
posible que se quiera). El imperativo categórico sería aquel que representa una
acción por si misma como objetivamente necesaria, sin referencia a ningún otro
fin.
Por consiguiente, sólo hay un imperativo categórico, y dice
así: obra sólo según aquella máxima que
puedas querer que se convierta, al mismo tiempo, en ley universal.
El imperativo práctico será entonces como sigue: obra de tal modo que te relaciones con la
humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un
fin, y nunca sólo como un medio.
En el reino de los fines todo tiene un precio o una
dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente;
en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite
nada equivalente, eso tiene una dignidad.
La moralidad es aquella condición bajo la cual un ser
racional puede ser un fin en sí mismo, puesto que sólo por ella es posible ser
miembro legislador en un reino de los fines. Así pues, la moralidad y la
humanidad en cuanto que es capaz de moralidad son lo único que posee dignidad.
Las tres citadas maneras de representar el principio de la
moralidad son, en el fondo, otras tantas fórmulas de una misma ley, cada una de
las cuales contiene en su interior a las otras dos. […] En efecto, todas las
máximas tienen:
- Una forma, que consiste en la universalidad, y en este sentido se expresa la fórmula del imperativo categórico afirmando que las máximas tienen que ser elegidas como si debieran valer como leyes naturales universales.
- Una materia, es decir, un fin, y entonces la fórmula sostiene que el ser racional debe servir como fin por su naturaleza y, por consiguiente, como fin en sí mismo, o sea, que toda máxima ha de suponer una condición limitativa de todos los fines meramente relativos o caprichosos.
- Una determinación integral de todas las máximas por medio de la fórmula según la cual todas las máximas deben concordar, por propia legislación, en un reino posible de fines como si fuera un reino de la naturaleza.
lunes, 15 de abril de 2013
Reseñas: Fausto en el cine.
Fausto puede alertar a la gente como Diógenes, maldecirles
como Timón, experimentar la soledad como el Manfred de
Byron, bromear con sus iguales como Alcibíades, filosofar
como Sócrates, Platón, Aristóteles, o como un escolástico
del medievo, como Spinoza o Leibniz, o estar ávido de
placeres como una persona de hoy; a veces es un loco,
o un iluso teosofista, un pietista, un beato, un cuáquero,
un jesuita, un franciscano, un Don Juan o un Casanova;
puede ser un señor de la guerra, un poeta, un soñador,
un bienaventurado, un luchador por la libertad, en fin,
puede serlo todo, lo que quiera, excepto ser Dios (Doering,
1996, 116).
Versiones cinematográficas del tema Fáustico.
como Timón, experimentar la soledad como el Manfred de
Byron, bromear con sus iguales como Alcibíades, filosofar
como Sócrates, Platón, Aristóteles, o como un escolástico
del medievo, como Spinoza o Leibniz, o estar ávido de
placeres como una persona de hoy; a veces es un loco,
o un iluso teosofista, un pietista, un beato, un cuáquero,
un jesuita, un franciscano, un Don Juan o un Casanova;
puede ser un señor de la guerra, un poeta, un soñador,
un bienaventurado, un luchador por la libertad, en fin,
puede serlo todo, lo que quiera, excepto ser Dios (Doering,
1996, 116).
Versiones cinematográficas del tema Fáustico.
Malos recuerdos - Antonio Gamoneda
Malos recuerdos
La vergüenza es un sentimiento revolucionario
KARL MARX
Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.
Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.
Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).
Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.
Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta de un soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo:
«¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero...»
Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
«Tu madre que te quiere.»
No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.
Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.
Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.
La vergüenza es un sentimiento revolucionario
KARL MARX
Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.
Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.
Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).
Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.
Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta de un soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo:
«¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero...»
Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
«Tu madre que te quiere.»
No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.
Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.
Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.
domingo, 14 de abril de 2013
Pasajes de 'Emilio o la Educación' por J. J. Rousseau
…
Lo que he dicho basta para dar a entender que nunca se ha de
dar a los niños un castigo como castigo, sino que les debe siempre sobrevenir
como natural consecuencia de una mala acción. Así no declaméis contra la
mentira, no los castiguéis precisamente porque han mentido; pero haced que cuando mintieren, recaigan en
su cabeza todos los malos efectos de la mentira, como el no ser creídos aun
cuando hablen verdad, el ser acusados del mal que no hayan hecho, aun cuando le
nieguen. Pero expliquemos qué
cosa es mentir en los niños.
Dos géneros hay de mentira: la de hecho, que se refiere a lo
pasado; y la de derecho, relativa a lo futuro. Verifícase la primera, cuando niega uno que
ha hecho lo que hizo, o afirma que ha hecho lo que no hizo, y generalmente
cuando a sabiendas habla contra la verdad de las cosas; la otra consiste en
prometer uno lo que no tiene ánimo de cumplir, y en general en manifestar una
intención contraria a la que tiene. Alguna vez pueden ambas mentiras hallarse
en una sola(1); pero aquí las considero sólo en cuanto a sus diferencias.
(1)
Como cuando acusado de un ‘delito se defiende el
reo diciendo, que es hombre de bien: entonces dice mentira de hecho y de
derecho.
sábado, 13 de abril de 2013
Libro I - Emilio o la Educación J.J.Rousseau
Algunos pasajes del Libro I
de Emilio o la educación de
Jean Jacques Rousseau.
El niño grita así que nace, y su primera infancia se va toda
en llantos. Para acallarle, unas veces le arrullan y le alagan otras le ponen
silencio con amenazas y golpes. O hacemos lo que él quiere, o exigimos de él lo
que queremos; o nos sujetamos a sus antojos, o le sujetamos los nuestros, no hay término medio; o ha de
dictar leyes, o ha de obedecerlas. De esta suerte son sus ideas primeras las de
imperio y servidumbre. Antes de saber hablar, ya manda; antes de poder obrar,
ya obedece; y a veces le castigan antes que pueda conocer sus yerros, o por
mejor decir, antes que los pueda cometer.
Cuando un padre engendra y mantiene a sus hijos, no hace más que el tercio de sus
funciones. ´debe a su especie hombres; debe a la sociedad hombres sociales; y
debe ciudadanos al Estado. Todo hombre que puede satisfacer esta triple deuda y
no lo hace, es culpado, y más culpado acaso cuando la paga a medias. Ningún
derecho tiene para ser padre quien no puede desempeñar las funciones de tal. No
hay pobreza, trabajos, ni respetos humanos que le dispensen de mantener a sus
hijos y educarlos por sí mismo. Puedes creerme, lector; a cualquiera que tenga
entrañas y desatienda tan sacrosantos deberes, le pronostico que derramará
largo tiempo amargas lágrimas sobre su yerro, y que nunca encontrará consuelo.
Nacemos idóneos para aprender, pero sin saber nada, ni
conocer nada. Ni siquiera la conciencia de su existencia propia tiene el alma
encadenada en imperfectos y no bien formados órganos. Efectos son meramente
mecánicos, privados de inteligencia y voluntad los gritos del niño recién nacido.
Supongamos que tuviera ya el niño, cuando nace, la fuerza y
la estatura de un adulto; que saliera, por decirlo así, armado de punta en
blanco del seno de su madre, como salió Palas del cerebro de Júpiter; sería
este hombre-niño imbécil acabado, máquina, estatua innoble y casi insensible;
nada vería, nada oiría, a nadie conocería no sabría volver los ojos fuera de
él, más tampoco referiría ninguno al órgano del sentido que se le hiciera
distinguir; ni estarían los colores en sus ojos, ni estarían los sonidos en sus
oídos; no estarían sobre su cuerpo los cuerpos que tocase, ni sabría siquiera que tenía uno;
estaría en su cerebro el contacto de sus manos; se reunirían en un solo punto
todas sus sensaciones, sólo en el yo;
a ésta referiría todas sus sensaciones ; y esta idea o por mejor decir, este
modo de sentir, sería la única cosa en que de cualquier otro niño se
diferenciase.
Los primeros llantos de los niños son ruegos, peor si nos
descuidamos, luego se convierten en órdenes,
empiezan haciéndose asistir, y acaban haciendo que los sirvan. De esta
suerte, de su flaqueza propia, de donde
nace primero la conciencia de su dependencia, se origina luego la idea de
imperio y dominación; peor como esta idea menos la excitan sus necesidades que
nuestros servicios, ya empiezan aquí a hacerse distinguir los efectos morales,
cuya inmediata causa no se halla en la naturaleza; y por tanto se ve que ya,
desde esta edad primera, importa reconocer la secreta intención que el ademán o
el grito ha dictado.
lunes, 8 de abril de 2013
Algunas recomendaciones desde mi particular biblioteca.
Reconozco que leí poco en mi vida pero cuando lo hice me deleité de tal
manera que no puedo evitar exponer aquí a mis lecturas predilectas hasta ahora.
Tienen tanto valor y cuestan tan poco que la relación calidad precio es
irrisoria, es una tomadura de pelo al lado de la obra de arte más cotizada de
Picasso, por ejemplo: El sueño, en el que aparece una dama con el pene del
autor dibujando la mitad de la cara de la susodicha.
Aforismos – Leonardo
De la brevedad de la vida – Séneca
Fragmentos – Parménides / Heráclito
Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime – Kant
Lógica y Extracto razonado del Tratado de las sensaciones – Condillac
Discurso del método y Reglas para la dirección de la mente – Descartes
Así habló Zarathustra – Nietzsche
Fausto – Goethe
Los cuatro libros – Confucio y Mencio
La Ilíada – Homero
La Teogonía – Hesíodo
Emilio o la Educación – Rousseau
Aforismos – Leonardo
De la brevedad de la vida – Séneca
Fragmentos – Parménides / Heráclito
Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime – Kant
Lógica y Extracto razonado del Tratado de las sensaciones – Condillac
Discurso del método y Reglas para la dirección de la mente – Descartes
Así habló Zarathustra – Nietzsche
Fausto – Goethe
Los cuatro libros – Confucio y Mencio
La Ilíada – Homero
La Teogonía – Hesíodo
Emilio o la Educación – Rousseau
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